A 39 años del desembarco en Malvinas

La AJB rinde homenaje a quienes arriesgaron y entregaron sus vidas para defender la soberanía argentina sobre las islas.

El 2 de Abril de 1982 las tropas argentinas recuperaban las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, usurpadas por el Reino Unido de Gran Bretaña en 1833, en un último intento de la Junta Militar de perpetuarse en el poder y fortalecer un gobierno cuya legitimidad era seriamente cuestionada tanto en el ámbito nacional como en el internacional.

Luego de visitar nuestro país en 1979, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, señalaba en el informe emitido al año siguiente que por acción u omisión de las autoridades públicas de la República Argentina se cometieron numerosas y graves violaciones de derechos humanos fundamentales, llegando a revestir características alarmantes la aplicación sistemática de prácticas como el secuestro, la tortura, la desaparición forzada, y los tratos crueles, inhumanos y degradantes.

A ello debe agregarse que la especulación financiera y la crisis económica hacían mella en el humor social y la opinión pública, y 3 días antes del desembarco -el 30 de marzo de 1982- una multitudinaria movilización del movimiento obrero argentino reclamaba en Plaza de Mayo “paz, pan y trabajo”.

Frente a ese escenario, el principal objetivo de la Junta Militar no fue la defensa de la soberanía argentina sobre las islas, sino que buscó en la recuperación de los territorios australes una causa nacional que le permitiera relegitimarse políticamente.

Confiando en que una vez instalado el conflicto bélico, Estados Unidos mediaría en una contienda diplomática con Gran Bretaña, y el diferendo se resolvería sin un enfrentamiento militar, la Junta al mando de Galtieri ordenó el desembarco en las islas. Esta errónea e inocente lectura de las relaciones internacionales llevó a nuestro país a librar una guerra contra una potencia mundial sin tener una estrategia política y militar, con armamento obsoleto, y jóvenes soldados casi sin instrucción, mal alimentados y sin el abrigo adecuado para soportar temperaturas polares, al mando de oficiales y suboficiales solo preparados para la represión interna.

Además, aquellos jóvenes debieron soportar la tortura en el campo de batalla por las Fuerzas Armadas del país por el que luchaban. Sumergir la cabeza, pies y manos en agua congelada, comer entre excrementos, recibir patadas en los testículos, ser enterrados en fosas, eran el castigo a los conscriptos que habían cometido la infracción de salir de la trinchera en búsqueda de algo para comer. Idéntico trato recibieron las mujeres que realizaron tareas humanitarias, muchas de ellas niñas de entre 15 y 17 años, que fueron víctimas del abuso sexual y psicológico de sus superiores.

Luego de la derrota, debieron soportar el silencio impuesto por los mandos militares, la estigmatización y el olvido que la política de desmalvinización primero y el alineamiento del gobierno nacional con los estados enemigos durante los ´90, pusieron a familiares de nuestros caídos y a los y las excombatientes en una situación de desamparo total.

Un resabio de ello es el requisito que se le impone a los trabajadores estatales, ex combatientes oficialmente reconocidos como soldados, de tener que demostrar haber actuado en las acciones bélicas desarrolladas entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982 para poder percibir el subsidio que les corresponde por su condición de ex combatientes. Destrato del que el Poder Judicial no es ajeno, ya que exige ese requisito a ex soldados partícipes de dicho conflicto que ingresan a la administración de justicia través del cupo que les otorga la ley.

Los héroes y heroínas de Malvinas arriesgaron su vida en defensa de nuestro país en el campo de batalla, y como tales, merecen el más alto reconocimiento del pueblo argentino, que debe traducirse en la decisión del Estado de remover toda traba burocrática que les impidan ejercer sus legítimos derechos y acceder a merecidos beneficios. Como así también juzgar y sancionar a aquellos militares que las y los torturaron en pleno conflicto, como una acción de reparación y una demostración concreta de que la República Argentina honra a sus ex combatientes.

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